“Me voy, pero te juro que mañana volveré”
La salud mental de los migrantes es un tema poco investigado. Desde el momento en que se decide viajar, se vive el trayecto y se adapta a una nueva vida, surgen problemas como la depresión, ansiedad, estrés traumático y otros trastornos que dañan la salud mental de los migrantes y sus familias.
“Al partir un beso y una flor, un te quiero, una caricia y un adiós. Me voy, pero te juro que mañana volveré”, la canción interpretada por Nino Bravo en 1972 encierra el sentimiento que hoy viven miles de personas que dejaron su tierra natal. Los expertos en salud mental, señalan que hay tres etapas del migrar: a) la preparación del viaje, b) el realizar el viaje y c) adaptarse a las nuevas circunstancias.
Raras veces se habla de un estrés emocional que viven miles de personas después de migrar. Cada experiencia es distinta. Sin embargo, los estudios realizados que demuestran los niveles de ansiedad, depresión leve y moderada que sufren las personas en el país anfitrión.
En un reporte de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en marzo, 2023, se realizó un mapeo de las investigaciones llevadas a cabo en América sobre Salud y Migración. En la primera etapa que es la preparación del viaje y realizarlo, las investigaciones determinaron trastornos postraumáticos, el temor a morir en el camino, de ser atrapado por la “migra”, estar en una condición de refugiado o de asilo son condiciones que generan estrés postraumático.
Las pocas investigaciones muestran que la depresión y la ansiedad, no solo son provocadas por el viaje en sí mismo, sino con la asimilación o integración a las costumbres e idioma del país anfitrión. Incluso, la discriminación es factor de depresión leve o moderada.
Como dice la canción de Nino Bravo: “es ligero equipaje para tan largo viaje, las penas se llevan en el corazón. Lo que nos es querido siempre queda atrás”.
Uno de los estudios señala que el estrés es provocado por la “adaptación a una nueva cultura y puede exacerbarse por la discriminación y exclusión. Los sentimientos que expresan algunos migrantes están relacionados a la nostalgia por el hogar, la separación de la familia, búsqueda de trabajo, etc.
Los años vividos en el país, previo a migrar, determinan una identidad (una forma de ser individual y social). Cuando se migra esa identidad se rompe. Y esto es una pérdida gradual que desde el lenguaje de los psicólogos se llama duelo. Después del duelo, se pasa a la construcción de una identidad nueva o una identidad ajustada, diría yo.
Los efectos de migrar se sienten todos los días. Y hay fechas especial como la feria patronal, Semana Santa, el Día de los Muertos, la Navidad y Fin de Año, pesan en el corazón.
¿Qué hacer cuando la tiricia aparece? Lo primero que dicen los psicólogos es aceptar esos sentimientos. Ignorar lo que se siente no es correcto. Si se tiene ganas de llorar, gritar, bailar, pintar o escribir lo que se siente. ¡Desahógate!
Hay mucha evidencia científica desde las neurociencias para decir que los sentimientos tienen un efecto directo en el cuerpo físico. Lo que se piensa puede generar dolor de cabeza, puede contribuir a incrementar enfermedades que ya se tienen, también que aparezcan enfermedades que no conocíamos. Por eso, hacer ejercicio es importante para liberar las tensiones que tiene el cuerpo, aunado a comer menos carbohidratos, refrescos embotellados y productos procesados que no ayudan a la salud del cuerpo.
Y por último, como decían las abuelas, la soledad es mala consejera. Evitar estar solo es clave, buscar a personas que compartan situaciones comunes, con quienes se pueda hablar, hace cosas juntos para sobrellevar los pesares del alma.
La nostalgia por la tierra y la familia siempre estará presente. No hay que negarla, hay que sentirla y buscar formas de canalizar estos sentimientos.
*Tiricia: tristeza enfermiza que sufren algunas personas, generalmente por la nostalgia de su tierra o de un ser querido.
