Lesbia intentó migrar dos veces a EE. UU., hoy lidera un emprendimiento en su comunidad
Lesbia intentó dos veces viajar desde Huehuetenango hasta Estados Unidos para reunirse con sus padres. No lo logró. Hoy tiene esperanza en su tierra.
Lesbia es una mujer maya mam de 29 años, trabaja como técnica de campo en la Asociación Pop Noj. Es originaria de Santiago Chimaltenango, Huehuetenango y vende hilos para tejidos, indumentarias y tiene en su emprendimiento también una sección de costura. Ha alcanzado las oportunidades arriesgando su vida como migrante.
Santiago Chimaltenango se ubica en la Sierra de los Cuchumatanes a 317 kilómetros de la ciudad de Guatemala y a 54 kilómetros de la cabecera departamental de Huehuetenango. A la misma distancia se encuentra la frontera con Chiapas, México.
El sueño de Lesbia es alcanzar una vida digna, “apoyar a mi familia, comer justo, tener lo necesario y crear mi carrera” afirma, algo que se dificulta para millones de personas en Guatemala.
Desde los ocho años vive con sus abuelos porque sus papás emigraron a Estados Unidos y ella deseaba unirse a ellos. A los 20 años intentó viajar, pero no pudo llegar a la frontera norte de México y en cambio, migró a Cancún en el estado mexicano de Quintana Roo. Ahí estuvo por seis meses trabajando como indocumentada, su fin era cruzar la frontera hacia Estados Unidos, pero no lo logró. Las cifras oficiales indican que más de 7,500 guatemaltecos trabajan en esa ciudad balneario sobre el mar Caribe, visitado cada año por millones de turistas. Lesbia encontró difícil la vida en Cancún.
“Allá tenía que pagar una habitación para vivir con tres personas más para que me alcanzara el dinero”, además prosigue “tenía que arriesgarme para que no me quitaran el trabajo” que en su mayoría consistía en labores pesadas. A los dos años volvió a intentar su travesía a Estados Unidos, nuevamente sin éxito, volvió a quedarse nueve meses en Cancún.
En cada intento fue buscando la mejor forma de alcanzar sus sueños, esto sin olvidar las penas que pasaba “el dinero que ganaba, se escuchaba bastante, $1800 pesos mexicanos a la semana, pero la mitad me servía para mi comida y la otra debía juntarlo para la renta del mes”. Tras su segundo intento fallido de reunirse con sus padres en Estados Unidos, decidió convertirse en servidora cívica, por medio de un programa que promueve la Asociación Pop Noj. Esta asociación ayuda a reinsertarse en su comunidad a personas que han migrado y han retornado a su tierra.
“Mi forma de pensar no solo era para mejorar mis condiciones, sino fortalecer mi identidad como mujer indígena, maya, jóven y lideresa” sonríe al afirmar, asegurando que con esto ella busca aportar a su comunidad. Fue creando su plan de vida, plan de incidencia través de la organización, por ello conforma el grupo “Juventudes en movimiento” quienes con la asesoría de Pop Noj avanzan en sus planes de vida y se fortalecen mutuamente.

De esta cuenta, Lesbia ya cuenta con su emprendimiento, que tuvo su origen de manera colectiva, pero ahora ella lo maneja de forma individual.
Los pasos que ha ido dando la han fortalecido. Gracias a la ayuda de Pop Noj, estudia ya el octavo semestre en ingeniería agronómica. Con su emprendimiento y su trabajo, logra sustentar sus gastos, que no resultan suficientes porque sus padres volvieron a Guatemala retornados de Estados Unidos y les apoya a mantener la casa. “Si quiero casarme necesito tener los recursos necesarios”, dice. La población de Santiago Chimaltenango es maya mam hablante en un 99% y carece de oportunidades de trabajo digno y bien remunerado.

Lesbia se ha arriesgado para alcanzar sus sueños. Quiere seguir motivando a los jóvenes para que alcancen sus metas y se involucren en espacios de participación.