Alguien que se quedó: la historia migrante de Mariela Barrios Valentín
Escuche por nuestro canal de Spotify cómo a veces la vida cambia con una sola decisión.
Mariela Barrios-Valentín nunca imagino que un viaje temporal cambiaria el rumbo de toda su vida. Después de cumplir un sueño más, el de llegar como turista a Estados Unidos y de paso, tener la oportunidad de ver car la nieve como en las películas de Hallmark y de vivir una blanca Navidad como dice la canción, ella se encontraba en una esquina vital.
Una flecha apuntaba hacia el futuro y la otra hacia el pasado. Jamás esperó encontrarse con un amor profundo, y totalmente inesperado que la obligaría a detenerse justo en la encrucijada más decisiva de su historia. Regresar a Guatemala donde la esperaba su familia, sus amistades y la promesa de una profesión en derecho o quedarse junto a él, aún cuando el camino estuviera lleno de incertidumbres.

Ahora su monólogo interior se había convertido en una letanía de preguntas, ¿te quedas o te regresas? ¿Estados Unidos o Guatemala? ¿tu licenciatura o un trabajo incierto en un país donde apenas entiendes el idioma? Pero entre todas, una sola pregunta ardía con más fuerza que las demás, ¿vas a dejar escapar el amor, o te atreverás a jugarlo todo por él y comenzar un nuevo capítulo?
Cuando Mariela era pequeña, sus padres se divorciaron. De ese matrimonio nacieron ella y su hermano menor. Tras de un largo proceso en un tribunal familiar, el juez otorgó la custodia total de ellos al padre, algo poco común en Guatemala donde generalmente se favorece a la madre. Desde entonces, Mariela asumió un rol parecido al de una madre con su hermano. Lo cuidaba, lo protegía y siempre deseaba lo mejor para él aun con la inocencia de su corta edad.
Con el tiempo, su padre volvió a casarse y de esa unión nacieron dos hermanos más. Mariela los quiso mucho y encontró en la esposa de su padre una madre atenta y cariñosa. La familia se amplió y los lazos se hicieron fuertes.
Cuando recuerda su infancia, la primera imagen que se le viene a mente es la joyería de su padre, que en aquel entonces estaba ubicada en el centro de la Ciudad de Guatemala. Después de la escuela pasaba por el negocio familiar, y conserva con ternura los recuerdos de las comidas que se preparaban ahí, entre ellos, caldos, huevitos con frijoles, lo típico de una cocina guatemalteca. Además de las joyas, su padre comenzó a importar carros desde Estados Unidos, y fue en esos tiempos cuando Mariela empezó a escuchar con frecuencia el nombre de ese país. Lo que su padre contaba, y la emoción con la que lo hacia despertaba su curiosidad. ¿cómo sería en realidad ese lugar? ¿qué paisajes tendría? ¿qué comidas, que tiendas?
Su imaginación volaba, aunque nunca lo vio como un destino para quedarse a vivir. Claro, siempre pensó que algún día viajaría como turista, como tantos otros soñaban. Pero Guatemala era su mundo, la familia, las amistades, la alegría de lo cotidiano. Allí se veía feliz, el lugar donde quería ejercer como abogada y notaria y forjarse un futuro entre la gente y el amor que la rodeaba.
Todo esto cambió cuando conoció a su ahora esposo. Pero antes de llegar a esa decisión, Mariela tuvo que enfrentarse a una serie de dudas y miedos, cada uno naciendo de la posibilidad de tomar uno u otro camino. Su mente se llenó de preguntas, ¿qué diría su familia? ¿Cómo se sentiría su padre al saber que no regresaría a terminar sus estudios universitarios? Pensó en el trabajo que había dejado atrás. Sentía una pena profunda al pensar en sus compañeros quienes sabían de su firme postura de no querer vivir en Estados Unidos, y ahora enfrentaba la posibilidad de hacer justamente lo contrario.
Pero lo más que la angustiaba era su hermano menor. Juntos se habían independizado, compartiendo un apartamento y los gastos mientras ambos daban sus primeros pasos hacia la autonomía. Cuando Mariela viajó a Estados Unidos, su intención nunca fue quedarse. Pensó que regresaría después de sus vacaciones, no que dejaría a su hermano con la responsabilidad completa del alquiler y demás gastos.
Estas eran las preocupaciones que la ataban a Guatemala. Pero en el otro lado de la balanza, había una fuerza que no podía ignorar. Ella había conocido a alguien, una persona que pronto se convertiría en más que amor. Junto a él, Mariela sintió una conexión profunda, un compañero con quien quería compartir sus días, alguien que la escuchaba y apoyaba sin reservas. Por fin, había experimentado el amor que tanto había oído hablar, ese amor que todos buscan y suenan encontrar.
Sabía que los estudios eran importantes, que la familia siempre tendría un lugar central en su vida, pero también entendía que, en algún momento, tendría que tomar una decisión profundamente personal. Ese momento había llegado.
Al decidir quedarse, sabía que se enfrentaría a numerosos retos. Más allá de pensar en lo que diría su familia y sus amistades, pensó que estaría extralimitándose con la visa de turista que Estados Unidos le había brindado. Eso quería decir, que a pesar de haber llegado documentada y con el permiso de ese país se convertiría en indocumentada, sin saber inglés, y sin tener la mínima idea por donde empezar. Sin embargo, se quedó. Decidió no regresar a Guatemala, decidió que todo se iría acomodando paso a paso, y que al final podría tenerlo todo, su familia, sus estudios, su carrera y su esposo.

Y así fue. Mariela se llenó de convicción y determinación para lograr cada uno de sus objetivos. Empezó por tomar clases de inglés, encontró trabajo limpiando mesas, lavando trastes, y poco a poco se le fueron abriendo las puertas. Por ser conversadora y tener el espíritu guatemalteco de ponerse a platicar con las personas que iba conociendo le ayudó a crear conexiones dentro de su comunidad. No era tímida, no tenía pena en preguntar, por lo que en una cita que tuvo en el consulado de Guatemala en Chicago, Illinois para gestionar unos documentos pregunto cómo se podía aplicar para un puesto vacante. Le dijeron que justamente estaban buscando personal, y ella con su formación universitaria y con su conocimiento de Guatemala quedaría ideal para la posición administrativa.
La historia de Mariela Barrios-Valentín es fascinante, llena de altas y bajas. Muestra la convicción que hace destacar al guatemalteco en el extranjero. La aplicación, los buenos modales, la amabilidad y las ganas de resaltar lo bueno del país y su gente también eran sus objetivos. Escuche la historia completa de Mariela en nuestro canal de podcast, y entérese de los detalles de cómo conoció a su esposo y como ha salido adelante cumpliendo cada uno de sus sueños.