La espera del hijo del migrante
Los niños y jóvenes que se quedan en Guatemala mientras sus padres van a trabajar en Estados Unidos viven a la espera. Esperan a que vuelvan o a que envíen por ellos. Sienten abandono, aunque les manden dinero.
“Yo siento que le puse pausa a mi vida el día que mi mamá se fue”, dice Rocío, una joven guatemalteca que hoy tiene 21 años y que espera, desde hace 6, que su madre mande a recogerla para que puedan reunirse en Estados Unidos.
Rocío repite muchas veces el verbo “esperar”, dice que eso es lo que les toca a los hijos de migrantes, esperar que sus padres vuelvan o esperar que les manden el dinero necesario para que ellos también viajen y se reunifique la familia. En el caso de Rocío eso todavía parece lejano, su madre no tiene planes de volver y tampoco ve posible cruzar la frontera para encontrarla. Sin embargo, para muchos de sus amigos y conocidos en Jutiapa, la espera terminó: el padre volvió con dinero suficiente para emprender un negocio o, lo más frecuente, consiguió que sus hijos migraran.
Mientras Rocío espera, le gusta jugar videojuegos. Hace un año su mamá le mandó una caja con muchas cosas, ropa y zapatos, sobre todo, pero adentro venía también una consola de Nintendo Switch. Aunque Rocío nunca había jugado, la magia fue instantánea, se enamoró de los juegos. Por eso cuando habla de su vida la relata como si fuera un juego de Nintendo. “Antes jugábamos en equipo, mi mamá y yo resolvíamos todo juntas, todo lo hacíamos juntas, por eso yo nunca entendí porque se fue sola, por qué no me llevó”.

Las pantallas más difíciles en el videojuego de la vida las afrontaron juntas: la ausencia de un padre que nunca se hizo cargo de su hija, el desempleo de la mamá, la inseguridad… La peor de todas fue cuando el líder de una pandilla empezó a acosar a la mamá de Rocío. Llegó el momento en que ella se dio cuenta de que si no se iba de Guatemala nunca la iba a dejar en paz. Una tarde le habló seriamente a su hija y le anunció que la decisión ya estaba tomada, viajaría a Estados Unidos y ella se quedaría al cuidado de sus abuelos, en Jutiapa. Pasaron entonces de vivir en un videojuego para dos jugadores a una partida en solitario.
Lo que más le pesa a Rocío fue que su mamá la dejara sola. No lo dice on estas palabras, pero se sintió abandonada. Ella también quería ir, se sentía lista para hacer el viaje. “Yo no era una niña, tenía 15 años, podía irme”, recalca. Como toda justificación para no llevarla, su madre le dijo que era muy bonita y en el camino la podían violar.
Como Rocío, muchos jóvenes, hijos de migrantes, viven en espera. Aunque sus vidas cambian y empiezan a experimentar un beneficio económico importante, queda en muchos de ellos el deseo de reunirse. “Los niños que se quedan reconocen la razón y la importancia de la ausencia de sus padres durante muchos años y el hecho de ser criados por abuelos”, explican Haley Ciborowski y Ramona Pérez, de la Universidad de California, dos académicas que estudiaron la situación emocional de las familias de migrantes en el altiplano de Guatemala, “sin embargo, la investigación con adolescentes mayas sugiere que estos niños enfrentan consecuencias socioemocionales perjudiciales, a pesar de las ventajas obtenidas de las remesas”, concluyen.
Bienestar económico, pero a un enorme precio

“La capacidad de enviar recursos quedó eclipsada por la ausencia de relaciones importantes en la vida de las personas”, dicen las investigadoras en su estudio sobre las experiencias de los hijos que se quedan. Rocío cuenta la historia de su primo, que creció en las mismas condiciones, con padres trabajando en Estados Unidos, pero terminó volviéndose alcohólico. No es su caso, ella no tiene ningún vicio, terminó sus estudios y tiene un empleo estable, sin embargo, se siente sola y muchas noches se duerme después de llorar.
La investigación de la Universidad de California también encontró problemas de abuso de sustancias en los jóvenes. “Los desafíos de salud mental, la tristeza y la pérdida fueron experimentados tanto por niños como por adultos que se quedaron. Se describe un aumento en el uso de sustancias como mecanismo de afrontamiento, algo que se está volviendo cada vez más común, y la ausencia de los padres deja a los abuelos ancianos criando a los niños con menos orientación y supervisión. La falta de oportunidades económicas y la falta de supervisión parental han dejado a los jóvenes vulnerables a la influencia de las bandas de carteles, que están bien establecidas en esta región. Los hallazgos de este estudio brindan una visión sobre los desafíos que impulsan la inmigración, y los impactos en la salud que enfrentan las comunidades rurales e indígenas que se quedan debido a la inmigración internacional.”
Los jóvenes reconocen que la migración de sus padres en la mayoría de casos es inevitable, que significa la diferencia entre comer o pasar hambre. No es exagerado, la Encuesta Nacional de la Juventud 2023 reportó que a más del 50% de los jóvenes menores de 30 años le preocupa que no alcancen los alimentos en su hogar. 37% de los jóvenes que trabajan indicaron que su salario no les alcanza para costear los gastos mínimos. Por eso, los jóvenes que reciben remesas viven mucho mejor, aunque el costo emocional sea incuantificable.
La tercera parte de los jóvenes guatemaltecos reciben una remesa, de acuerdo con la Encuesta Nacional realizada el año pasado. “Como parte del análisis de la migración internacional se identificó que 33.4% de la juventud encuestada recibe remesas de parte de sus familiares que viven fuera de Guatemala (30.4 del total de hombres y 36.7 del correspondiente a mujeres)”, dice el documento.
Durante un tiempo Rocío pensó en viajar, en irse a escondidas, pero desechó la idea rápido. Gracias al esfuerzo de su madre ahora tiene una buena vida en Guatemala. No le falta nada. La remesa le permite seguir sus estudios de psicología en una universidad privada. Además, tiene novio y en un futuro planea casarse. Lo único que le falta, es la cercanía de su compañera número uno en el juego de la vida: su mamá.
Llame a sus hijos. Use video llamada
Cómo mitigar el impacto de la migración de los padres
La psicóloga Mónica Franco explica que la diferencia entre un hijo de migrante que se sobrepone a la ausencia de sus padres, logra asimilar la sensación de abandono, y uno que cae en adicciones o no logra sobrellevar los problemas emocionales, muchas veces es la comunicación que mantenga con sus padres. “Es importante que la comunicación siempre se mantenga firme entre ellos, que se comuniquen más de lo que se comunicaban cuando estaban en la casa, se manden videos se hagan videollamadas. El contacto es más directo y aunque estén lejos no se sienten tan lejos, entonces mantener siempre una comunicación activa en la distancia es algo importante. Una videollamada les puede mostrar cómo están, si se ven tristes, si se ven que acaban de llorar, o hasta en la forma en que le hablen, el estado de ánimo, tienen que estar bastante pendientes de sus estados de ánimo”.
Es útil que le explique a sus hijos, mediante videos, la situación en la que usted vive. Los esfuerzos que hace por reunir el dinero para enviar cada mes. Las condiciones de su trabajo. Y que le pida que haga lo mismo. Que muestre interés en sus hijos. Que ellos sepan que usted no les abandona.