Podcast: Superando el agotamiento laboral: cómo Leticia Gaspar reinventó su carrera
El camino es equivocado si no se aprovecha
Es común oír a las personas mayores comentar que en sus tiempos todo era más fácil, todo era mejor y todo era más barato. Y quizá tendrán razón si uno hace una comparación justa y relativa. Sin embargo, probablemente ganarían el argumento de que las cosas sí eran un poco más fáciles. Sencillamente con mencionar la palabra tecnología, por ejemplo, ya uno se puede imaginar numerosos retos. Y es que, este proceso que es basado en teorías, prácticas y el conocimiento de reformar, se ha acelerado por su misma virtud.
Hoy en día, se percibe una aceleración distinta en varios campos de trabajo. Para bien o para mal, la velocidad de la cotidianidad impulsa en mantenerse actualizados y estar al tanto de las nuevas tendencias o de los cambios abruptos que surgen.
De padres guatemaltecos

Leticia Gaspar, una joven de primera generación estadounidense de padres guatemaltecos, se enfrentó a un obstáculo recién graduada de la universidad. En retrospectiva, fue lo mejor que le pudo haber pasado, sin embargo, en su momento fue empezar de nuevo.
Sus padres son originarios del municipio de San Pedro Soloma, Huehuetenango. En 1993 llegaron a Estados Unidos y se asentaron en el estado de Florida. Tuvieron 5 hijos. Lety, como le dicen cariñosamente, es la segunda mayor y fue la primera en ingresar a una universidad tradicional, ya que su hermano mayor asistió a una escuela vocacional. El hecho de ser la primera en cruzar por esos caminos quizá fue un poco abrumador.
El proceso que enfrenta un estudiante de la secundaria en Estados Unidos con aspiración de ingresar a la universidad es extenso, y para los que no cuentan con antecesor, puede ser complejo.
Imagínese: mantener un buen promedio de calificaciones, tomar exámenes estandarizados del estado (el ACT o SAT), investigar programas académicos, escribir ensayos, completar formularios universitarios, solicitar cartas de recomendación, estar al tanto de los plazos, hacer horas de voluntariado o realizar actividades extracurriculares para presentarse como buen candidato ante las universidades, ver el tema financiero y pedirles a los padres documentos formales para apoyar el proceso.
Estos vastos detalles se ven especialmente en el último año de high school, y para una persona de 17 años, digamos, este es el ingreso a una etapa llena de retos, más si es la primera en su familia en asistir a la universidad, y aún más si es hijo o hija de migrantes que nunca han pasado por un proceso similar.
Méritos académicos
Leticia fue una excelente estudiante en la secundaria. Sus calificaciones superaban el promedio, y esto le garantizó una beca completa otorgada por la organización no lucrativa, ‘Take Stock in Children.’ Esta organización brinda el apoyo a estudiantes que demuestran buen desempeño académico durante la secundaria, con el objetivo de romper ciclos de pobreza mediante la preparación universitaria. Lety se graduó como Licenciada en Servicios Humanos, una carrera vinculada en atender necesidades de personas y familias. Los trabajos relacionados a esta profesión son en torno a la salud mental, temas comunitarios y trabajo social por mencionar algunos.

Al estar ejerciendo profesionalmente por dos años como Gestora de Casos Específicos en un centro de salud conductual, Lety sintió un agotamiento mental (burnout) que no había experimentado anteriormente. Los casos que atendía le empezaron a agobiar. Conforme pasaba el tiempo sentía que se estancaba. En teoría, quería ayudar a personas, pero en la práctica se dio cuenta que para ayudarles ellas tenían que trabajar los cambios también. Muchos de sus pacientes no seguían con los cursos o tratamientos indicados y ella ya no sabía cómo asistirlos. Como estudiante universitaria, Lety había tomado una pasantía relacionada a su futura profesión, y lo disfrutó. Sin embargo, la vida real le estaba mostrando otra cara a la moneda.
Decidida en darle un nuevo rumbo a su vida, después de cuatro años de preparación académica y dos años de ejercer en el campo, Lety se trazó un nuevo reto sin mirar hacia atrás. Buscó otras oportunidades, así significara tener que empezar desde cero y aceptar algún trabajo que no emplearía su título. Estuviese bien o no, feliz o no, estaba consciente que el tiempo pasaría igual y que de cualquier manera llegaría a cumplir los años que cumpliera. Por lo que, fue su bienestar lo que la motivó en dar un salto.

Sin experiencia médica, probó suerte y aplicó a un puesto en un hospital como técnico clínico. Al ser aceptada, el hospital invirtió 12 semanas en su entrenamiento para tomar signos vitales y muestras de sangre, saber cómo comunicar resultados a médicos, y ayudar a pacientes con tareas básicas entre otros. Lety fue asignada a una rotación constante, lo que significaba ir a diferentes unidades del hospital donde hubiese carencia de personal.
Tras un año y medio de desempeñarse como técnico clínico, Lety supo que había acertado en su elección, y que seguiría el camino hacia una preparación superior en la escuela de Asistente de Medico, (PA School en inglés). Este programa es universitario y al completarlo el estudiante recibe una maestría en ciencias de asistente de médico.
Lety lleva tres años en un campo que no sabía de su particular existencia cuando tenía 17 años y estaba en búsqueda de una carrera. Hoy, casi 15 años después, reflexiona en su último año de secundaria y cree que fue la falta de conocimiento y herramientas que la llevaron a elegir una carrera que no era la adecuada. Aunque contaba con el completo apoyo de sus padres y familia, el proceso técnico de ingresar a la universidad lo navegó sola. Las cartas, las fechas limites, las reuniones, todo aquello que era necesario para empezar a estudiar lo manejó de la mejor manera en que ella interpretaba las cosas.
La segunda oportunidad que Lety encontró para darle un giro a su vida laboral es algo que hoy en día se ve a menudo. Por décadas, la idea de asistir a la universidad “tradicional” como garante de una vida prospera no solo era aceptable sino honorable también. Y funcionó y sigue funcionando. Indiscutiblemente, la educación y el conocimiento es clave para avanzar. Sin embargo, muchos podrían argumentar que esa forma ya no es la única que representa prosperidad y éxito. Las preguntas que suelen hacerse hoy en día son en torno a la forma, el tiempo que se lleva en obtener conocimiento y el costo.

En Estados Unidos, para muchos estudiantes, la educación universitaria implica deudas gigantescas. A los 17, 18 años, numerosas personas aceptan préstamos federales y privados para costear su preparación. Algunas personas pueden tardar 10 o 15 años pagando esa deuda, mientras otras luchan en pagarla por más tiempo, o en casos extremos no la terminan de pagar. Con la avanzada tecnología, con el acceso a la información por internet, con anécdotas compartidas en redes sociales, con cursos disponibles en escuelas vocacionales, que por cierto cada vez más se incrementa la demanda de ocupaciones técnicas, y con empresas dispuestas en entrenar rigurosamente a nuevos empleados, el campo laboral rota rápidamente.

Por los nuevos factores que han ingresado a la cancha hay nuevas preguntas, y por ende, nuevos métodos y maneras de llegar a una solución. Desde una perspectiva optimista, si alguien quiere incursionar en otro espacio, aprender otras habilidades, avanzar en su conocimiento, o como Leticia Gaspar que se encontraba en un callejón oscuro, hoy, más que nunca, hay nuevos empleos y nuevas oportunidades para desarrollarlos. Se puede trabajar desde casa o de manera híbrida, o paralelo a un trabajo actual se puede tomar algún curso por internet para ir avanzando a ritmo propio y a la vez ir acercándose a un nuevo amanecer.
Escuche a Leticia Gaspar narrar su historia en inglés en Spotify.