Traductores de idiomas mayas en EE. UU. al servicio de la comunidad
Su trabajo es esencial para los migrantes: les asisten en los momentos difíciles. Están en las cortes o en los hospitales para darles voz a los que no pueden hablar en inglés.

Una tarde llamaron por teléfono a Carolina Tzep desde un hospital. Le pidieron que hablara con una señora maya, que recién despertaba de un coma provocado por un derrame cerebral.
Carolina le dijo en k’iché que caminara hacia el baño, que se lavara la cara y varias cosas más, pero no obtenía respuesta. «Quizá ella no habla k’iché, sino otro idioma», dijo en inglés al médico que la llamó. «Siga hablando, ella está haciendo todo lo que usted dice, le entiende perfectamente, pero no puede hablar», le respondió.
Ese día los médicos estaban felices, creyeron que por el derrame cerebral la mujer había perdido la capacidad de entender, pero descubrieron que no, que lo que perdió fueron los idiomas inglés y español, que se borraron de su mente, pero su idioma natal estaba allí.
El teléfono de Carolina suena con frecuencia para pedirle que hable en su idioma natal, ya sea para traducir a un niño que recién llegó al país o para ayudar a alguien juzgado en una corte.
Carolina es una guatemalteca de madre mam y padre k’iché, nacida en Sololá, que actualmente vive en Estados Unidos, trabaja en mercadeo y colabora como intérprete constantemente para ayudar a sus paisanos que no hablan inglés ni español. Los casos que suele llevar son casi todos legales, las cortes le piden que traduzca para que los migrantes puedan entender perfectamente lo que ocurre.
Hace poco le tocó traducir cuando un hombre se declaró culpable de un delito grave en una corte. Con el corazón acelerado repitió en inglés las palabras que el guatemalteco estaba diciendo en k’iché y que le harían pasar el resto de sus días en prisión.
También suele estar presente en llamadas telefónicas que los padres hacen a sus hijos que viven en hogares temporales. «Cuando se descubre que los padres han tratado mal a los niños, o hay negligencia, el gobierno se los quita y los manda con familias de acogida en lo que solucionan el problema», cuenta. En esas llamadas ella debe solo escuchar e intervenir únicamente si le dicen algo al niño que pueda afectarlo. «Ellos tienen prohibido darles malas noticias, solo les pueden contar cosas buenas, entonces si hablan algo malo tengo que entrar en la llamada», cuenta.
Trabajo en equipo
Manuel Calmo es originario de Todos Santos Cuchumatán y el mam es su idioma materno. Él apoya en asociaciones de migrantes para ayudar a traducir cuando alguien lo necesita. Suelen llamarlo también de juzgados, hospitales o instituciones de gobierno.
Como Calmo no habla muy bien el inglés, a veces hacen trabajo en equipo con sus hijos, él lo dice en español y ellos lo traducen al inglés. Así, en familia, ayudan a un compatriota.
Contratar a un intérprete puede ser muy caro, en ocasiones difícil de pagar para un migrante, pero es común que asociaciones o fundaciones de ayuda a migrantes sean quienes los contraten para ayudar.
Los traductores también apoyan sin cobrar cuando se les presenta un caso de necesidad y bajos recursos. Están para ayudar a los demás y de ellos muchas veces depende el éxito de sus compatriotas.
